
Aquí figurarán los reportajes que tengáis la bondad de proporcionarnos y con los que queráis recrear nuestros ojos y provocar nuestra sana envidia...-

Los nuevos Indiana Jones
Aventuras con los hijos en la Cueva Urbana de Tarragona.Texto y fotos: Diego Calderón. SIET. Periodista.
Los Playstation se quedaron en casa, el televisor permaneció apagado y los balones de fútbol quedaron aparcados en un rincón de la habitación. Ese día tres chavales vivieron una aventura de verdad y se sintieron “Indiana Jones” acompañados de sus padres y de algunos miembros del SIET, al internarse en la Cueva Urbana de Tarragona.
Brian, Guillermo y Rubén, hijos de los compañeros IPA, Antonio A. (GC), Fernando M. (Guardia Urbana Tarragona) y Alberto S. (GC) respectivamente, se enfundaron en los trajes de neopreno bromeando entre ellos, para disimular los nervios y que nadie de los presentes advirtiera que en realidad sentían algo de “yuyu” ante lo desconocido. En realidad, era extraño ver que desde el vestidor del SIET, en el parking donde se encuentra la Cueva Urbana, salían unos espeleólogos tan pequeños dispuestos a explorar las profundidades. Antes de entrar a la cueva chequearon como profesionales sus linternas frontales, comprobaron que la potencia de la luz fuera la correcta e imitando a sus padres, le agregaron a sus cascos una linterna auxiliar, por si acaso.
Los tres chavales se asomaron a la entrada y de nuevo bromearon entre ellos, el tono de voz hasta les cambió para ser más grave, vamos, que aquí nadie se echa atrás. De vez en cuando dedicaban miradas furtivas a sus respectivos padres para infundirse ánimo. En la primera parte, se toparon con el estrecho acueducto romano subterráneo, “fácil” murmuraron, “por aquí pasa cualquiera”. A los pocos segundos los ojos se les pusieron como par de platos conforme fueron descendiendo, asistidos por las cuerdas y las indicaciones que cada padre le hacía a su respectivo cachorro. “Pon el pie aquí..no sueltes la mano de la cuerda hasta que estés firme en el siguiente agarre...baja poco a poco...estira la pierna...ya vas llegando...confía en mi, cualquier cosa yo estaré para agarrarte...muy bien..muy bien..”. Para alejar cualquier situación de tensión, los adultos soltaban alguna broma y los chicos no podían evitar soltar una risa nerviosa. A veces parecían esas escenas donde hijo y padre se ven envueltos en una travesura a escondidas de la madre.
Al llegar al primer lago, Brian, Guillermo y Rubén tragaron grueso. Una cueva con agua en todo caso la habrían visto en alguna película de acción, quizás aderezada con dragones, pero esta adonde habían bajado, era de verdad, al igual que el agua en la que se adentraban, las rocas que tocaban y la oscuridad. Lo más insólito, es que no hubo que alejarse de Tarragona, entraron en otro mundo desde el parking de un edificio. Ese escenario siempre impone a cualquiera que entra por primera vez. “Ahora hay que nadar hasta el otro lado”. Les anunció Ángel Samaniego, guía del SIET. Los jóvenes espeleólogos se miraron y al apuntar con sus linternas hacia el lugar donde debían ir, ven que la luz no llega hasta el fondo. A medida que el agua les va llegando al cuello afloraron los temores. Es entonces cuando cada padre les hace una demostración sobre cómo el traje de neopreno les ayudará a mantenerse a flote para que no sientan miedo. Hay dudas, de seguro que las mismas que los cachorros de foca suelen tener antes de lanzarse al agua, y que luego al probarla se entusiasman tanto que no hay manera de sacarlos.
Van dos adultos adelante y otros detrás, ubicando a los niños en el medio y por supuesto, en ningún momento se les pierde de vista. Al final de ese primer lago se topan con una pared que tiene un huequito por el que hay que atravesar para entrar al siguiente lago, se trata del primer sifón. “El nivel del agua está más bajo, así que tan sólo tienen que sumergirse un poquito.” Para demostrar lo fácil que es, pasan dos miembros del SIET, que de paso se encargarán de recibirlos desde el otro lado. Los chicos se lo piensan, miran el sifón, se miran: “Bueno...¿quien va de primero?”. Detrás del primer chaval y de escucharlo al otro lado gritar “¡Qué chulo!”, los otros dos se animan de inmediato. Luego cuando les tocó atravesar el segundo sifón lo hicieron como avezados aventureros, de ser un lugar que les inspiró algo de miedo, se convirtió en una de las principales diversiones de todo el paseo.
Luego les tocó caminar y atravesar alguna grieta, en la que se escurrieron con graciosa facilidad. Los chavales no pararon de reír, sus linternas frontales apuntaban a los techos y paredes. Se revolcaron en una galería que siempre está a tope de fango, como nunca lo habían hecho y sin que nadie les grite“no ensucies la ropa”, de hecho sus mismos padres fueron los compañeros de juego más entusiastas para hacer muñecos de barro.
Al final del trayecto, frente al último sifón, los padres les comentan que “sólo personas muy especializadas pueden entrar por allí”. Los chicos trataron de imaginarse a los espeleo-buzos experimentados, únicos autorizados para acceder hacia la sala Rivemar, un espacio de cinco mil metros totalmente sumergido. Durante la explicación, se hizo un silencio respetuoso entre los chicos mientras observaban aquel pequeño pozo de entrada, que hasta luce insignificante, y que se trata de la puerta de entrada para un nivel más alto de aventura, quizás en sus mentes se imaginaron a ellos mismos haciendo esas exploraciones.
El paseo por la Cueva Urbana que está permitido al visitante es bastante fácil, tanto es así que en ningún momento los chicos corrieron peligro alguno. Sin embargo en todo momento se siente que se siguen con rigor las medidas de seguridad.
A la salida de la cueva, los tres niños tenían un expresión distinta, de satisfacción. Si cabe, mejor que cuando han vencido un juego del Playstation, porque vivieron una experiencia totalmente fuera de lo común de la mano de sus padres. Enfrentándose al miedo normal que a veces se tiene a lo desconocido. Aprendieron de primera mano, la importancia de respetar las medidas de seguridad y la confianza que ha de tenerse en el compañero. Al mismo tiempo, a los padres se les notaba una sonrisa de orgullo, después de todo, compartieron con sus chavales una buena aventura.
Es probable que esos chicos no lo supieran en ese momento, pero vivieron entrañables momentos con sus padres que quizás jamás se les olvide, probablemente hasta lo recuerden cuando ya sean muy adultos. Quedarán las fotos: “Aquí estoy con tu abuelo en mi primera aventura en una cueva”.
Publicado en el boletín de IPA Tarragona de 22/1/2008
Salida a la torca del CarlistaParticipantes del SIET de Tarragona:
Juan Callejas
Jesús Antoranz
Josep María Plana
Marc Arrufat
Walter Gras
Juan Carlos Marín
Juan Pérez
Alberto Pradillo
José Manuel García
Tomás Merin
Participantes del Grup Espeleologic de Xeresa:
Álvaro Merin
Álvaro
Pomuki
Fecha salida: 14 de agosto de 2008Nos reunimos todos en el Albergue de Coventosa, este mismo día 14 de agosto por la noche. Hicimos noche en el albergue.
Al día siguiente diana a la siete treinta, hicimos un buen almuerzo y preparamos todo el material. Teniendo todo listo y apunto salimos para la Torca a las 10:15hs. Llegamos al parking de la cantera a las 11:00hs.

Subida hacia la TorcaEmprendemos la subida y llegamos arriba a las 12:00hs. Tardamos 20 minutos más porque nos pasamos de largo la boca de la cavidad y tuvimos que hacer una pequeña batida para encontrarla.
Nos preparamos y equipamos y el primero en entrar fue Tomás a las 12:30hs. Detrás suyo entró Juanillo, Jesús, Juan Carlos, David, Juan, Pradillo, Walter....y por último y cerrando la comitiva el Pep.
A las 13:30hs. Tomás tocó fondo de la Torca del Carlista.
Montamos tres vías en la bóveda de 90mts., dos de las cuales tenían empalme de cuerda. Una a los 40mts. Y la otra a los 80mts. Algunos se hicieron un pequeño lío pasando el nudo. Una vez todos estuvimos abajo continuamos la marcha. Como no podría ser de otra forma dimos una vuelta entera a la sala para poder observar las maravillas que hay en su interior, es decir: nos perdimos. Pero con el entusiasmo del grupo continuamos y por fin encontramos el paso que da continuidad hacia el fondo de la cavidad.

En la base de la bóveda

Perdidos en la Torca Desde este punto comienzan las formaciones y cada vez de manera creciente son más y más espectaculares
.
Las primeras formaciones.A partir de este punto la gente hizo un montón de fotos a las formaciones y ralentizamos un poco la marcha. Continuamos y nos desviamos a la izquierda para visitar la Sala Aranzadi. Una gran sala con un inmenso caos de bloques. De regreso y en el cruce de la Sala Aranzadi y el final de la cavidad unos cuantos del grupo regresaron a las cuerdas y el resto continuamos para llegar al fondo de la cavidad.
Desde este momento las formaciones son si cabe aún más espectacular y más numerosa, volviéndose un cúmulo de formaciones impenetrable en el fondo de la cavidad.
Los que tocamos fondo fuimos: Jesús, Juanillo, Pep, Tomás, Marc, Juan Carlos, Juan, Pradillo, José Manuel, Walter y David.
Realizamos muchas fotos y nos maravillamos del lugar, comimos algo y ya repuestos del esfuerzo emprendimos el regreso. El quid de la cuestión era encontrar el cruce de la sala Grande a la Aranzadi donde habíamos dejado un petate con el recambio de carburo y algo de material. Lo que nos llevó un buen rato porque nos perdimos un poquito.

El fondo de la Torca

Los rostros de la emociónPero sin complicaciones porque íbamos por buen camino. Recuperamos el petate y continuamos el camino por el inmenso caos de bloques de la bóveda de la Torca.
Llegamos a las cuerdas y aún quedaban tres personas por subir de las que no hicieron fondo. Así que nos lo cogimos con tranquilidad, encendimos unas cuantas velas dentro del vivac que habíamos armado al entrar a la cavidad y nos dispusimos a dar cuanta de los pocos víveres que teníamos. Mientras los demás iban subiendo.
Como montamos tres vías en el 90, la subida se agilizó y no se hizo eterna. Subimos todos sin problemas y se quedaron desinstalando Walter, Juan Carlos y Pep. Siendo el último que salio de cavidad Pep a las dos de la mañana.
Creo que todo el grupo quedó conforme y disfruto de la experiencia y de la cavidad.
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